Método Montessori: La Técnica más Efectiva para Educar y Estimular el Desarrollo Mental del Niño

Julio 21, 2017
Según María Montessori, los niños absorben como esponjas toda la información que requieren y necesitan para su actuación en la vida diaria. El niño aprende a hablar, escribir y leer de la misma manera que lo hace al gatear, caminar o correr; es decir, de forma espontánea. Basada en este ideal, esta doctora y pedagoga italiana desarrolló el método Montessori, que consiste en la creación de un entorno estimulante para que el niño, siguiendo su curiosidad innata, desarrolle su propio modo de aprendizaje.

Desde su creación, este método pedagógico ha sido empleado por numerosos terapeutas y educadores alrededor del mundo para estimular las habilidades cognitivas de los niños y sacar el máximo potencial de su curiosidad y receptividad para así aprender de una forma más natural y divertida. Durante los últimos años se han abierto escuelas y centros especializados en este método, todos debidamente acondicionados para atender niños de distintas edades y algunas incluso se dedican a niños con necesidades especiales.

¿Qué es el método Montessori?
El método Montessori es considerado un método pedagógico alternativo creado a partir de la observación. Para el desarrollo de este sistema, la Dra. María Montessori pasó 50 años estudiando el comportamiento de los niños en el aula. Tras analizar y considerar que las técnicas de la educación europea de esa época eran muy rígidas y a veces crueles, basó su propio método en el respeto hacia el niño y en su capacidad e interés de aprender por sí solo, sin tener que seguir el molde de sus padres o maestros.

Montessori alegaba que la escuela no debía limitarse a ser un lugar donde el maestro solo transmitiera conocimientos grupales, sino que debía ser un espacio acondicionado para que la inteligencia del niño se desarrollase a través de un trabajo libre con material didáctico especializado. Por tal razón, el método Montessori busca adaptar el entorno de aprendizaje del niño a su nivel de desarrollo. La idea principal de este sistema es ayudar al niño a conseguir un desarrollo integral, tanto en sus capacidades intelectuales y físicas como espirituales.

Este método se caracteriza por proveer un ambiente ordenado, estético, simple y real, donde cada elemento tenga su razón de ser y una utilidad en el desarrollo de los niños. El ambiente preparado ofrece al niño oportunidades para comprometerse en un trabajo interesante, elegido libremente, que propicie prolongados períodos de concentración que no deben ser interrumpidos. Asimismo, las aulas Montessori integran edades agrupadas en períodos de 3 años, lo que promueve naturalmente la socialización, el respeto y la solidaridad entre los pequeños. La libertad de los niños se desarrolla dentro de límites claros que les permiten convivir en la pequeña sociedad del aula.

Las claves del método Montessori
Con el paso de los años, este método se ha perfeccionado y ha empezado a emplearse en mucho más que aulas o centros psicológicos. Los expertos señalan que, además de los institutos especializados, este sistema puede aplicarse también en el hogar, haciendo trabajar a los padres en equipo con los pequeños. Sin embargo, antes de ponerlo en práctica, es importante entender cuáles son las principales claves de este método.

La principal clave del método Montessori es, sin duda, el ambiente preparado. El entorno y el mobiliario a emplear deben adaptarse al niño y deben ser sencillos y llamativos ante sus ojos. El ambiente se acondiciona por el guía o los padres y debe ser un recinto psicológicamente adaptado al desarrollo del niño, quien libremente se desarrolla con esos medios que le han proporcionado. En este caso, el ambiente asume parte del trabajo que antes le correspondía al maestro.

El orden de este espacio es también sumamente importante. El niño debe ser libre para tomar los objetos, cambiarlos de lugar para usarlos y, luego de hacerlo, volverlos a colocar en su sitio en buen estado y del mismo modo que los encontró. Estas acciones ayudan al niño a organizar su propia mente. Asimismo, se tiene en cuenta la cantidad de objetos que el niño utiliza realmente y que su memoria es capaz de localizar en el ambiente. Se limita la cantidad de objetos para que el niño pueda conocerlos todos, recordarlos y aprender el lugar que ocupa cada uno.

Asimismo, el respeto hacia el niño también representa un aspecto vital en este método, pues de aquí se desprenden la mayoría de las prácticas a aplicar. Este sistema se basa en respetar profundamente la personalidad del niño y dejar que realice sus actividades libre y espontáneamente, sin necesidad de contenerla o dominarla. Al niño, que es activo por naturaleza, se le debe dejar espacio suficiente para que se mueva libremente.

Se debe dar al niño una libertad que permita el desarrollo de sus manifestaciones espontáneas. La libertad es sinónimo de actividad. El límite solo lo establece el interés colectivo y su forma es lo que llama la educación de las buenas maneras, por lo que solo se impide todo lo que pueda ser perjudicial u ofender a los otros.

Ahora bien, no se puede ser libre sin tener independencia. Como afirmaba la propia Dra. Montessori: "Enseñar a un niño a comer, a lavarse, a vestirse, es un trabajo mucho más largo, más difícil y paciente que darle de comer, lavarlo y vestirlo". Al niño se le debe ayudar a obrar y a expresarse; pero el adulto no debe jamás obrar en su lugar, sino cuando sea absolutamente necesario. "Cada vez que un adulto presta al niño una ayuda innecesaria, obstaculiza su expansión y detiene o desvía en algún detalle el desarrollo infantil". Ayudar es facilitar siempre la expansión y protegerla contra los peligros que puedan empobrecerla. El adulto debe ayudar al niño a que lo haga todo por sí mismo cuando sea posible.

Siguiendo la idea del respeto, libertad e independencia al niño, es importante destacar el hecho de que en este método el maestro es solo una guía. El método Montessori prescinde del magistrocentrismo y se enfoca principalmente en el niño. El objetivo es disciplinarlo para la actividad, para el trabajo y para el bien; no para la inmovilidad, para la pasividad y para la obediencia, como se hacía en la escuela tradicional. El maestro debe ayudar al niño a proceder por sí mismo y debe preparar el camino para que actúe espontáneamente. Su guía es la que inicia gradualmente a los niños en el uso de todos los objetos que hay en el aula.

Así pues, es importante que el maestro sepa observar sin intervenir. Aunque la intervención es indirecta, sólo se ofrecen los medios necesarios para el desarrollo del pequeño y se debe seguir tal desarrollo con respeto. Se evita a toda costa detener los movimientos espontáneos del niño y se renuncia a la costumbre de obligarlo a realizar actos por la imposición; a menos que esté expuesto a realizar actos inútiles o perjudiciales.

Seguir apropiadamente cada uno de estos lineamientos nos ayudará a aprovechar el máximo la capacidad de aprendizaje del niño, que es, en resumen, el propósito de este método pedagógico. Debemos tener en cuenta que el niño no sólo se mueve continuamente, sino que también tiene una mente muy absorbente y aprende sin cesar. La actividad psíquica debe ser práctica y el modo de aprender no puede ser guiado paso a paso por el adulto, es espontáneo.

Finalmente, con ejercicios espontáneos, libremente elegidos y realizados según los dictados de su personalidad, los niños usan material autocorrectivo no sólo para desarrollar su inteligencia, carácter y gracia, sino que también adquieren habilidades y aptitudes que los impulsan hacia mayores esfuerzos. Existe material para la vida práctica, para la educación de los sentidos, para la enseñanza de la lectura y la escritura, para los números, la aritmética, etc.

Un trabajo de equipo
Aunque existen institutos educativos y centros psicológicos con aulas especializadas en la aplicación del método Montessori, es importante que los padres sepan que esto es algo que pueden aplicar y reforzar desde casa sin problema alguno. De hecho, los expertos consideramos que este sistema es un trabajo conjunto entre los guías pedagógicos, los padres y los pequeños.

Sin duda alguna, los padres tienen un rol estelar en la educación del niño, muy por encima del maestro o los guías pedagógicos externos. Los padres, quienes siguen más de cerca el desarrollo y crecimiento del niño, deben observarlo cuidadosamente para identificar sus intereses y sus respectivos periodos sensibles; de esta forma podrán ofrecerle en cada momento los materiales, actividades o experiencias que más se adecúen a ese momento de su desarrollo y a sus intereses personales.

Para cualquier padre que desee aplicar este método con sus pequeños, el primer paso a seguir es empaparse de esta filosofía y los principios básicos del método, pues es la única forma de aplicarlos correctamente en el día a día. Asimismo, es recomendable que inviertan en preparar el ambiente para ofrecerle al niño un entorno en el que pueda desenvolverse de manera autónoma, con muy poca (o ninguna) ayuda por su parte. Una vez hecho esto, ya los pequeños se estarían beneficiando de muchas de las ventajas que ofrece el método Montessori.

Cuando se presentan problemas en el desarrollo, desajustes emocionales, descontrol del comportamiento, respuestas agresivas hacia los pares o adultos, el niño se beneficia enormemente de una Terapia Psicológica que aplique el método y principios Montessori. En un espacio especialmente preparado, donde pueda elegir libremente entre una selección de actividades diseñadas para él, el niño y la niña vuelven a encontrar su armonía interna, aprenden a respetar límites y a tratar apropiadamente a los demás, además de reordenar sus emociones y pensamientos. Como Guía Montessori, además de Psicóloga Clínica, me he dedicado los últimos 15 años a desarrollar un ambiente terapéutico basado en la filosofía Montessori, procurando ofrecer a los niños una respuesta a sus necesidades, guiándolos hasta verlos florecer en toda su plenitud como personas.

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